viernes, 14 de octubre de 2011

ME SUCEDE QUE A VECES 47

Me sucede que a veces siento la necesidad de hacer algunas preguntas. Entonces me sucede que pienso en que tengo más de setenta años y todavía hay cosas que quiero preguntar y algunas de ellas me vienen persiguiendo desde que soy niño. Me sucede entonces que pienso que algún día me obsesioné por los libros y comencé a comprar y a comprar. Terminaba de leer uno y compraba otro, hasta que en vez de comprar uno compré dos y antes de terminar el segundo ya había comprado tres más. Entonces me sucede que con los años se fueron multiplicando y mi casa ha terminado por ser una biblioteca tremenda de la que apenas he leído una mínima parte. Me sucede entonces que me doy cuenta que he comprado tanto libro para encontrar una respuesta a las preguntas que me han asaltado toda la vida y he terminado no encontrándola. Entonces me sucede que me hago una de las punzantes interrogantes que me ha perseguido desde muy joven: ¿Por qué no recuerdo ni una sola caricia de mi madre?... pero no hay respuesta.

jueves, 6 de octubre de 2011

ME SUCEDE QUE A VECES 46

Me sucede que a veces contemplo las calles, en el centro de la ciudad, llenas de gentes que van muy aprisa quién sabe dónde y a qué. Entonces me sucede que se me ocurre que ni los que van saben hacia donde van y, simplemente, van. Me sucede entonces que no creo que todo este mar humano ande dando vueltas por ahí por la sencilla razón de ir al trabajo, o qué sé yo, y me sucede que me asalta la idea de que todos están allí por alguna razón diferente a todo lo que imaginamos y yo soy uno de ellos. Recuerdo, entonces, a un conferencista que decía que los humanos somos el alimento de los dioses y me sucede que recuerdo algo como que estos dioses se alimentaban de nuestra energía y por eso teníamos que movernos para producir dicha energía, léase alimento. Me sucede entonces que tal vez eso sea verdad y por eso los que hacen todo lento terminan viviendo más años y una vida más plena. Entonces me sucede que dejo de escribir.